Zequi dice:

No se vayan sin dejar sus comentarios o los atormentaré...

jueves, 14 de agosto de 2014

MALDAD






Mi madre solía horrorizarse con las injusticias. “¡Si no fuera cristiana!..” se indignaba. También tenía algunas ideas bastante locas sobre el castigo. A veces me preguntaba: “¿Sabes cuál seria el peor castigo para alguien malo?”. Yo la miraba sin saber muy bien que debería responder para complacerla, yo siempre trataba de complacerla. Incluso un día estábamos hablando de cine, Pero de repente no aguanté más y le pregunté: “¿Cuál es, mami? ¿Cuál es el peor castigo para alguien malo?”.

La noche que sucedió todo yo estaba en este rincón desde el principio. Pero no me vieron. En mi lugar hicieron de rehén a la chica al lado mio. Mientras la oía gritar me invadía una sequedad en todo mi ser. Estaba ansioso por algo. Una urgencia, una necesidad... sed. La vista me quemaba y entonces no pude evitar mirarlos a los ojos. Debí prever que el primero en caer seria el jefe. Tenia a la chica encañonada en la cabeza y al ver mis ojos un torrente de lágrimas bañaron su rostro tan súbitamente que parecía estar derritiéndose. Al parecer lo mismo pasó con su vejiga. Y ni siquiera lograba sollozar con normalidad mientras soltaba el arma y quedaba arrodillado en el suelo. Lo siguieron sus compañeros. “Catatónicos” eso fue lo que le pude sacar al médico que los llevó a la guardia. Y al parecer jamas volverían a hablar... ni a moverse. Todos pensaban que fue una sobredosis pero yo sabia lo que había sucedido en realidad. “¿Cuál es el peor castigo para alguien malo, mami?”. Decidí no volver a la casa esa noche. Por alguna razón busqué un hotel lo mas mugriento que se pudiera y dormí allí. Tampoco llamé. ¿Saben? Mi padre tampoco se ocupó de mi madre y de mi. Supongo que es de familia. Cuando mi mamá le fue a decir que estaba embarazada solo le tiró una tarjeta platinum sobre la mesa y le dijo que se sirviera de lo que quisiera, pero que el no tenia tiempo para nosotros. Claro; porque era el investigador mas importante del mundo: “el Ojo”. Un mujer mas orgullosa no hubiera aceptado la tarjeta. Pero gracias a ella a mi no me faltó nada nunca. Con frecuencia me hablaba con amargura de él: “ “No tengo tiempo para esto” me dijo el muy cínico. Pero sí tuvo tiempo para acostarse conmigo... ¡Ay! ¡Que digo!... no debería hablar así delante de mi nene”. La noche después del asalto al banco salí a caminar por la ciudad tratando de recordar la mirada que le puse a los ladrones. Y la primera persona con la que lo logré fue la chica que había salvado en el robo. Si, me la crucé de casualidad, pero no me reconoció hasta que vió el color de mis ojos. Ella no cayó de rodillas, sino solo se largó a llorar desconsoladamente. Lloraba tanto que temí que se fuera a deshidratar. Tuve que dejarla a su suerte esta vez. Seguía resonando en mis oídos la pregunta de mamá. Es que no lograba recordar la respuesta que me había dado cuando le pregunté. Pero logré mantener esa mirada. La mirada que causaba en la gente... lo que sea que eso fuere. Se me cruzó un niño de la calle y no pude evitar mirarlo. Pero solo se quedó embelesado unos momentos. Me sonrió y siguió su camino. Por fin recordé la respuesta de mamá: “Quitarles su maldad, hijito. Yo creo que si le amputas la maldad a alguien malvado ya no tiene como defenderse. Quedaría completamente indefenso ante las cosas que ha hecho y pensado… ¿no te parece?”. En ese momento pude entender completamente lo que me decía... pero ¿por que lo había olvidado?¿Acaso sabias algo del color de mis ojos, mamá?

A partir de aquella noche mi mirada no cambió mas. La gente se desvanecía en un mar de lágrimas a mi paso. La mayoría solo lloran desconsoladamente algunos días. Otros no vuelven a ser los mismos. Algunos mas quedan inservibles de por vida y solo unos pocos no resisten la amputación, lloran sangre hasta morir. Es raro ver que la mayoría de los niños no reaccionan, alguno que otro derrama una lágrima. Pero mis ojos se han vuelto tan fuertes que todos tienen que mirar, de una forma o de otra.

Ayer finalmente regresé a casa. Me sorprendió muchísimo ver a mi mujer llorar sangre hasta morir luego de que le pregunté lo mismo que le pregunto a todos: “¿Sabes cual es el peor castigo para alguien malo?”. Pero mi real preocupación era el pequeño niño que me llamaba desde su cuna. Me acerqué y lo alcé para mirar esos ojos rojos como los mios. Y agradecí no ser como mi padre. Vamos a hacer de este un mundo mejor, mi vida, tu y yo. Cuando la policía llegue estoy seguro que entenderán que no fue mi culpa. Por supuesto, si alguno de ellos queda en pié.

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